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8 de Octubre de 2026

Un corazón trasplantado puede estar siendo rechazado antes de que aparezcan síntomas y un electrocardiograma podría ayudar a detectarlo a tiempo

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Un corazón trasplantado puede estar siendo rechazado antes de que aparezcan síntomas y un electrocardiograma podría ayudar a detectarlo a tiempo

Recibir un corazón nuevo no significa que el organismo lo reconozca inmediatamente como propio. Para el sistema inmunitario, ese órgano es un cuerpo extraño y, pese al tratamiento con inmunosupresores, existe el riesgo de que comience a atacarlo. El problema es que ese rechazo no siempre avisa: puede desarrollarse sin que el paciente note ningún síntoma.

Precisamente por eso, después de un trasplante cardiaco el seguimiento no se limita a comprobar cómo se encuentra la persona. Durante los primeros meses se realizan controles frecuentes y una de las principales herramientas para buscar signos de rechazo sigue siendo la biopsia endomiocárdica, en la que se obtienen pequeños fragmentos del corazón para analizarlos al microscopio.

Ahora, investigadores de NYU Langone Health han explorado una alternativa mucho menos invasiva: utilizar inteligencia artificial para analizar la información contenida en un electrocardiograma y combinarla con biomarcadores presentes en la sangre. Los resultados obtenidos de esta nueva técnica indican que esa mezcla de señales podría ayudar a identificar qué pacientes tienen una probabilidad muy baja de estar sufriendo un rechazo y, con ello, evitar algunas biopsias innecesarias.

Un organismo que intenta defenderse de un corazón que necesita

El rechazo aparece por una paradoja inevitable del trasplante. El sistema inmunitario está diseñado para reconocer aquello que no pertenece al organismo y reaccionar frente a ello. Esa capacidad resulta esencial ante numerosos agentes externos, pero también significa que las células de un corazón procedente de un donante pueden ser identificadas como extrañas.

Los fármacos inmunosupresores reducen esta respuesta y forman parte del tratamiento a largo plazo de las personas trasplantadas. Aun así, el rechazo puede producirse días, semanas, meses e incluso años después de la operación. Además, en algunos casos no genera síntomas reconocibles durante sus primeras fases.

Cuando sí aparecen, pueden incluir falta de aire, cansancio, fiebre, palpitaciones, retención de líquidos o un aumento inesperado de peso, entre otras manifestaciones. Pero esperar a que aparezcan síntomas no constituye una estrategia suficiente para vigilar un órgano trasplantado, de ahí que los controles se realicen también cuando el paciente se encuentra aparentemente bien.

Mirar directamente el tejido del corazón

La biopsia endomiocárdica permite buscar en el propio tejido signos de inflamación y otros cambios compatibles con el ataque del sistema inmunitario. Para obtener la muestra, se introduce un catéter normalmente a través de una vena del cuello o de la ingle hasta llegar al corazón, donde se extraen pequeños fragmentos que posteriormente se examinan en el laboratorio.

La frecuencia de estas biopsias suele ser especialmente alta durante los primeros meses posteriores al trasplante, cuando el riesgo de rechazo es mayor, y disminuye progresivamente con el tiempo.

Por ello, encontrar una forma fiable de descartar el rechazo sin tener que llegar hasta el tejido cardiaco permitiría reducir parte de ese control invasivo. Y ahí es donde entra en escena una prueba mucho más habitual y sencilla: el electrocardiograma.

Señales que no vemos a simple vista

El estudio, publicado el 25 de septiembre en JHLT Open, reunió 5.300 electrocardiogramas correspondientes a 2.357 adultos que habían recibido un trasplante de corazón. Los investigadores entrenaron modelos de inteligencia artificial para identificar patrones asociados al rechazo y compararon sus resultados con los obtenidos mediante biopsias.

El electrocardiograma registra mediante electrodos colocados sobre la piel la actividad eléctrica que acompaña a cada latido. Para un profesional sanitario ofrece información sobre el ritmo y la conducción eléctrica del corazón, entre otros aspectos. Sin embargo, un registro digital también contiene una enorme cantidad de datos que un algoritmo puede analizar de forma conjunta para localizar patrones mucho más sutiles.

La idea no consiste, por tanto, en que aparezca en el electrocardiograma una señal evidente que diga que el órgano está siendo rechazado. El modelo busca combinaciones de características dentro de la señal eléctrica que se relacionan con lo que posteriormente muestra el tejido cardiaco.

No es la primera vez que se explora este mismo enfoque. Un estudio anterior realizado con 1.427 pacientes trasplantados ya había mostrado que un modelo de aprendizaje profundo aplicado al electrocardiograma es capaz de identificar casos de rechazo celular agudo, moderado o grave. La novedad viene de añadir otra fuente de información.

El electrocardiograma no trabaja solo

Los investigadores desarrollaron un modelo que combinaba los registros eléctricos del corazón con dos biomarcadores sanguíneos utilizados para estimar el riesgo de rechazo: uno relacionado con la actividad genética asociada al rechazo celular y otro basado en fragmentos de ADN procedentes del donante que circulan por la sangre del receptor.

Para entrenarlo, se utilizaron datos de pacientes tratados entre 2018 y 2024 y cada electrocardiograma se relacionó con una biopsia realizada dentro de un periodo máximo de un mes. Los casos se clasificaron en dos grandes grupos: ausencia o rechazo leve frente a rechazo moderado o grave, estos últimos con mayor probabilidad de requerir cambios en el tratamiento inmunosupresor.

Tras ese entrenamiento llegaba la prueba de fuego: comprobar cómo funcionaba el sistema en 38 receptores adicionales de un trasplante cardiaco.

En ese pequeño grupo, el modelo combinado identificó correctamente al 94 % de los pacientes que no estaban experimentando rechazo. Y este dato es importante por lo que implica: no afirmamos que la prueba diagnostique cualquier rechazo con un 94 % de precisión, pero sí muestra su capacidad para reconocer a quienes no lo presentan.

Combinar distintos procedimientos que de manera individual no darían el mismo resultado es otro de los beneficios de este estudio. Mientras que el modelo basado únicamente en los análisis sanguíneos señaló erróneamente a 19 pacientes como posibles candidatos a una biopsia, al incorporar además la información del electrocardiograma, esos procedimientos se habrían evitado.

Menos biopsias, pero todavía necesarias

Los resultados muestran el valor de combinar señales distintas. Los biomarcadores sanguíneos aportan información sobre los procesos moleculares relacionados con el órgano trasplantado, mientras que el electrocardiograma recoge su actividad eléctrica. Analizar ambos datos de forma conjunta permite afinar la valoración del riesgo de rechazo.

Aun así, el electrocardiograma está lejos de sustituir a la biopsia. El grupo independiente utilizado para poner a prueba el modelo estaba formado por solo 38 personas y será necesario evaluarlo en muestras más amplias y en distintos centros de trasplante.

La cautela está justificada porque muchos de estos modelos todavía se han probado en grupos pequeños o a partir de datos retrospectivos. Una revisión publicada en 2026 sobre inteligencia artificial aplicada a trasplantes cardiacos y pulmonares insiste precisamente en ese problema y en la necesidad de confirmar los resultados en más pacientes y en centros distintos antes de trasladar estos modelos de forma generalizada a la práctica clínica.

Por el momento, la biopsia continúa siendo una herramienta fundamental para vigilar el rechazo. La posibilidad que plantea este trabajo es utilizar previamente datos obtenidos de forma mucho menos invasiva para identificar mejor qué pacientes necesitan realmente someterse a ella.