14 de Octubre de 2026
Las enfermedades autoinmunes que se confunden con problemas psicológicos: por qué ocurre más entre las mujeres

Cansancio que no desaparece aunque se descanse, dolores que cambian de intensidad, problemas de concentración o una sensación persistente de malestar para la que nadie encuentra una explicación. Son síntomas que pueden aparecer en distintas enfermedades autoinmunes, pero también en trastornos como la ansiedad o la depresión. Y cuando las pruebas médicas no ofrecen respuestas claras, algunas pacientes terminan recibiendo un diagnóstico psicológico que, meses o incluso años después, resulta no explicar su enfermedad.
Un estudio internacional con más de 6.600 pacientes ha encontrado que las mujeres con enfermedades autoinmunes tienen más probabilidades que los hombres de haber recibido inicialmente un diagnóstico psiquiátrico o psicosomático equivocado. Además, suelen recorrer un camino más largo hasta conocer qué les ocurre realmente.
La investigación, liderada por las universidades de Cambridge y East Anglia y publicada el 13 de octubre en eClinicalMedicine, del grupo The Lancet, pone cifras a una experiencia que muchas pacientes llevan tiempo denunciando: la dificultad para conseguir que determinados síntomas físicos sean reconocidos y estudiados adecuadamente.
Síntomas que no encajan en un diagnóstico
Las enfermedades autoinmunes aparecen cuando el sistema inmunitario, cuya función habitual es protegernos frente a infecciones y otras amenazas, comienza a atacar por error los propios tejidos del organismo.
Entre ellas se encuentran el lupus, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple y algunas enfermedades de la tiroides, como la tiroiditis de Hashimoto. Aunque afectan a órganos diferentes y presentan manifestaciones muy diversas, muchas comparten una característica que complica su identificación: los primeros síntomas no siempre son suficientemente específicos.
Una persona puede acudir a consulta por agotamiento, dolores musculares, dificultades para dormir o cambios en el estado de ánimo. En ocasiones, estas molestias aparecen y desaparecen, afectan a distintas partes del cuerpo o tardan en acompañarse de signos clínicos más reconocibles.
Por esta razón, los profesionales sanitarios necesitan considerar diferentes explicaciones antes de llegar a un diagnóstico. El problema surge cuando una interpretación psicológica se establece demasiado rápido y termina condicionando las valoraciones posteriores, especialmente si los síntomas persisten o evolucionan.
Tener ansiedad, estrés o depresión no excluye la presencia de una enfermedad física. Del mismo modo, un síntoma sin explicación inmediata no tiene por qué tener un origen psicológico. Esta distinción es especialmente importante ante patologías difíciles de identificar durante sus primeras etapas.
El 43 % de las mujeres había recibido una explicación psiquiátrica equivocada
Para investigar estas experiencias, el equipo de Cambridge y East Anglia realizó una encuesta internacional a 6.607 personas diagnosticadas con enfermedades autoinmunes. Les preguntaron cuánto tiempo había transcurrido desde los primeros síntomas hasta obtener su diagnóstico, cuántas consultas habían necesitado y qué explicaciones habían recibido anteriormente.
Los resultados mostraron diferencias bastante importantes entre hombres y mujeres.
El 43 % de las participantes afirmó que sus síntomas habían sido atribuidos erróneamente a causas psiquiátricas, frente al 33 % de los hombres. Cuando se analizaron específicamente los diagnósticos psicosomáticos, aquellos que relacionan los síntomas físicos con factores psicológicos, las cifras fueron del 34 % y el 22 %, respectivamente.
Tras ajustar los resultados teniendo en cuenta factores como la edad, el tipo de enfermedad, la región de residencia y la situación económica, las mujeres presentaban unas probabilidades casi un 50 % superiores de comunicar un diagnóstico psiquiátrico equivocado y aproximadamente un 75 % superiores en el caso de los psicosomáticos.
En cambio, cuando el error consistía en atribuir los síntomas a otra enfermedad física, las diferencias entre ambos sexos fueron menores y no resultaron estadísticamente significativas.
Este contraste es relevante porque sugiere que las discrepancias no se limitan a la dificultad general de identificar estas patologías, sino que también afectan al tipo de explicación que reciben los pacientes.
Hasta dos años para recibir un diagnóstico
El tiempo que tardaron en recibir un diagnóstico también fue diferente entre hombres y mujeres. Mientras que entre ellos lo más habitual fue obtener una respuesta en menos de tres meses desde la aparición de los primeros síntomas, entre las mujeres el intervalo más frecuente fue de uno a dos años. Además, ellas necesitaron acudir a más consultas médicas antes de saber qué les ocurría.
Pasar tanto tiempo sin un diagnóstico tiene consecuencias. Muchas enfermedades autoinmunes requieren tratamientos específicos para controlar los síntomas y evitar complicaciones, y cada demora supone más tiempo sin recibir la atención necesaria. A esto se suma la incertidumbre de convivir con molestias que persisten sin saber exactamente qué las provoca.
Después de meses, o incluso años, buscando respuestas, algunas personas terminan perdiendo la confianza en los profesionales sanitarios. Una experiencia que también puede influir en cómo afrontan nuevas consultas o en cuánto tardan en volver a pedir ayuda cuando aparecen otros síntomas.
¿Por qué ocurre más entre las mujeres?
Las enfermedades autoinmunes afectan con mayor frecuencia a las mujeres, aunque este dato varía considerablemente según la patología de la que hablemos. Los factores hormonales, genéticos e inmunológicos ayudan a explicar parte de esta diferencia, pero no justifican las desigualdades observadas durante el proceso diagnóstico. Los investigadores plantean que determinados prejuicios históricos pueden seguir influyendo en la forma en que se interpretan las molestias que comunican las pacientes.
Durante siglos, numerosos síntomas femeninos fueron atribuidos a supuestas alteraciones emocionales. Aunque conceptos utilizados anteriormente, como la histeria, han desaparecido de la práctica médica actual, todavía se cuestiona hasta qué punto persisten ciertas ideas sobre la credibilidad de las mujeres o su manera de expresar el dolor. Esta posibilidad llama la atención al observar las diferencias encontradas en el estudio, aunque también hay que tener en cuenta que las enfermedades autoinmunes son difíciles de identificar en muchos casos, debido a que sus síntomas se confunden con los de otras patologías y las pruebas no siempre ofrecen respuestas concluyentes, especialmente durante las primeras etapas.
A estas dificultades se añaden algunas limitaciones de la propia investigación. Los resultados proceden de las experiencias comunicadas por los pacientes, sin una revisión independiente de cada decisión médica, y la muestra estaba compuesta mayoritariamente por mujeres y personas residentes en Reino Unido. Por ello, las cifras deben considerarse de forma prudente, aunque las diferencias observadas merecen seguir investigándose para comprender mejor qué ocurre durante las consultas y por qué determinadas explicaciones se utilizan con mayor frecuencia según el sexo del paciente.
Escuchar al paciente también forma parte del diagnóstico
El estudio contó con la participación de pacientes, asociaciones y profesionales sanitarios para conocer experiencias que no siempre quedan reflejadas en las historias clínicas. Entre ellas, las dificultades para conseguir un diagnóstico y la sensación de que sus síntomas no habían recibido suficiente atención.
A partir de estos testimonios, los investigadores destacan la importancia de revisar las primeras valoraciones médicas cuando las molestias persisten o aparecen nuevos síntomas. Y también recuerdan que los problemas psicológicos pueden coexistir con enfermedades autoinmunes, por lo que identificar unos no debería impedir seguir investigando las otras.
Escuchar al paciente, seguir su evolución y reconsiderar un diagnóstico cuando sea necesario son aspectos fundamentales para evitar retrasos en la atención. Los autores esperan que profundizar en estas experiencias ayude a identificar qué está fallando y a mejorar el proceso diagnóstico, especialmente entre las mujeres.