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18 de Septiembre de 2026

Dormir con luz podría cambiar la estructura y función del corazón

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Dormir con luz podría cambiar la estructura y función del corazón

Una pantalla encendida en la mesilla, la claridad que entra desde el pasillo o una farola que atraviesa la ventana pueden parecer detalles menores en los que apenas reparamos a la hora de dormir. Sin embargo, la exposición a luz durante la noche podría tener efectos que van más allá de la calidad del descanso.

Un estudio publicado en European Heart Journal ha relacionado niveles relativamente bajos de iluminación nocturna con cambios en la estructura y el funcionamiento del corazón. La investigación, realizada con datos del UK Biobank, hizo seguimiento a más de 11.000 personas y encontró diferencias medibles mediante resonancia magnética cardiaca años después de registrar cuánta luz recibían mientras dormían.

Más de 11.000 personas y una semana midiendo la luz

Los investigadores analizaron inicialmente a 11.071 adultos, con una edad media de 61 años y sin enfermedades cardiovasculares conocidas al inicio del estudio. Cada participante llevó durante siete días un dispositivo en la muñeca capaz de registrar actividad y niveles de iluminación.

En lugar de establecer unas horas nocturnas iguales para todos, el equipo identificó las cinco horas de menor actividad de cada persona. Así buscaba aproximarse mejor al periodo en el que habitualmente estaba descansando.

El umbral elegido fueron 3 lux, una intensidad baja pero suficiente, según investigaciones previas, para interferir con la liberación nocturna de melatonina en algunas personas.

Para hacerse una idea, esa cantidad de claridad puede aproximarse a la que produce la pantalla de un teléfono con poco brillo situada en la mesilla o la luz de un pasillo que entra por una puerta entreabierta.

Tres años después, los participantes se sometieron a una resonancia magnética cardiovascular que permitió observar con detalle el tamaño de las cavidades, el grosor de sus paredes y la capacidad del músculo cardiaco para contraerse.

Un ventrículo izquierdo más grueso y una contracción algo peor

Las diferencias encontradas fueron pequeñas, pero siguieron una dirección constante.

Frente a quienes prácticamente no estuvieron expuestos a iluminación nocturna, las personas del grupo con mayor exposición presentaban un 2,4 % más de masa en el ventrículo izquierdo y paredes un 1,5 % más gruesas, además de mostrar una reducción del 1,9 % en una medida relacionada con la capacidad de contracción del miocardio.

El ventrículo izquierdo es la cámara encargada de impulsar la sangre oxigenada hacia el organismo. Cuando sus paredes aumentan de grosor de manera mantenida, el corazón puede volverse menos eficiente. Este proceso forma parte de lo que en cardiología se conoce como remodelado cardiaco, es decir, modificaciones progresivas de su estructura y funcionamiento ante determinadas situaciones de estrés.

Los investigadores observaron además alteraciones más discretas en el ventrículo derecho y en la aurícula izquierda, junto con una menor capacidad del músculo para deformarse correctamente durante cada latido.

Ninguno de estos resultados supone por sí mismo el diagnóstico de una enfermedad, pero muestra cambios subclínicos capaces de detectarse mediante técnicas de imagen, antes de que necesariamente aparezcan síntomas.

El sueño parece explicar una parte de la relación

La cantidad de descanso ofrece una pista sobre lo que podría estar ocurriendo. Las personas con mayor exposición nocturna dormían menos y, según los análisis estadísticos, la menor duración del sueño explicaba entre un 24 % y un 49 % de varias de las asociaciones encontradas.

La luz es una de las principales señales que utiliza el organismo para sincronizar el ritmo circadiano. Cuando llega durante las horas en las que debe predominar la oscuridad, puede alterar la producción de melatonina y modificar procesos relacionados con el descanso, la presión arterial, la frecuencia cardiaca o el metabolismo.

El sueño, sin embargo, parece ser solo parte de la explicación.

Cuando dormimos, la frecuencia cardiaca y la presión arterial descienden de forma natural, reduciendo el trabajo que realiza el corazón durante esas horas. Si ese patrón nocturno se altera de manera repetida, el sistema cardiovascular permanece más activo de lo habitual y los vasos sanguíneos pierden parte de ese periodo de reposo. Esto explica por qué una exposición mantenida a la luz durante la noche se ha asociado con cambios en la estructura y el funcionamiento cardiacos.

De los cambios en la resonancia al riesgo cardiovascular

Este análisis se amplió posteriormente a más de 73.000 participantes para estudiar si la exposición nocturna también guardaba relación con problemas cardiovasculares diagnosticados durante los años posteriores.

Tras un seguimiento de entre ocho y diez años, quienes pertenecían al grupo con mayor iluminación durante la noche presentaron, en comparación con quienes prácticamente no recibían luz, un 29 % más de riesgo relativo de insuficiencia cardiaca, un 15 % más de fibrilación auricular, un 24 % más de infarto de miocardio y un 33 % más de ictus. La mortalidad cardiovascular fue un 26 % superior.

Más allá de esos porcentajes, que muestran un riesgo relativo, lo relevante es que los eventos cardiovasculares observados durante el seguimiento siguieron la misma dirección que los cambios detectados previamente en las resonancias.

Lo que todavía queda por aclarar

El estudio ofrece una fotografía amplia, pero con algunas limitaciones. La iluminación se registró durante una sola semana y el sensor midió su intensidad, pero no las longitudes de onda, que también influyen en la respuesta del reloj biológico. Además, la muestra estaba formada mayoritariamente por personas blancas y dejó fuera del análisis principal a quienes trabajaban habitualmente en turnos nocturnos.

A esto se suma que los datos permiten identificar una asociación, pero no aislar por completo el efecto de la luz de otros factores. Un entorno muy iluminado durante la noche puede ir acompañado de más ruido, tráfico u otras condiciones capaces de influir también en el descanso y en la salud cardiovascular.

Aun así, el trabajo refuerza una idea que gana peso en la investigación sobre los ritmos circadianos: la oscuridad forma parte de las condiciones que favorecen un descanso adecuado. Reducir la iluminación innecesaria, evitar pantallas encendidas durante la noche o limitar la entrada de luz exterior son medidas sencillas que de por sí ayudan a proteger el sueño y que ahora empiezan a estudiarse también desde una perspectiva cardiovascular.