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5 de Octubre de 2026

Abrir los ojos es solo el principio: qué ocurre realmente después de un coma

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Abrir los ojos es solo el principio: qué ocurre realmente después de un coma

El cine y la televisión nos han vendido durante años la idea de que recuperar la normalidad tras despertar de un coma puede ser cuestión de unos segundos: la persona abre los ojos, reconoce a quienes tiene alrededor y, poco después, empieza a hablar. En la realidad, sin embargo, es mucho menos idílico y recuperar la consciencia tras una lesión cerebral grave suele ser solo el comienzo de un proceso mucho más largo.

Después de semanas o meses sin responder al entorno, el cuerpo ha cambiado, el cerebro necesita recuperar funciones y actividades tan automáticas como sentarse, tragar o mantener una conversación pueden requerir rehabilitación.

Además, no todo lo que popularmente llamamos "coma" lo es realmente.

El coma no suele durar meses

Cuando alguien lleva mucho tiempo sin responder, es habitual decir que “lleva meses en coma”. Médicamente, sin embargo, el coma suele ser una fase más corta. Con el paso de los días o las semanas, la persona puede empezar a recuperar la consciencia o evolucionar hacia otros estados en los que ya abre los ojos o presenta ciclos de sueño y vigilia, aunque siga sin responder de forma clara a lo que ocurre a su alrededor.

Ahí es donde la situación se vuelve mucho menos sencilla de lo que parece desde fuera. Algunos pacientes no muestran ninguna respuesta evidente; otros empiezan a seguir una mirada, reaccionar a una voz o cumplir alguna orden de manera puntual. Y esas señales no siempre son fáciles de detectar.

De hecho, la Academia Estadounidense de Neurología recoge estudios en los que alrededor del 40 % de los pacientes considerados inconscientes mostraban en realidad signos de consciencia que habían pasado desapercibidos.

Por eso, cuando hablamos de alguien que “despierta después de meses”, muchas veces no estamos describiendo un salto repentino desde un coma profundo hasta la consciencia plena, sino un proceso gradual en el que empiezan a aparecer respuestas cada vez más claras.

Abrir los ojos es solo un primer paso

Una vez se recupera la consciencia, es cuando también se hace visible todo lo que el cuerpo ha perdido durante las semanas o meses que ha pasado inmovilizado.

Uno de los cambios más importantes es la pérdida de músculo y fuerza. La inmovilidad prolongada, la inflamación propia de un crítico, la ventilación mecánica y algunos tratamientos aceleran un deterioro que puede avanzar mucho más rápido de lo que imaginamos.

Una revisión publicada en 2025 recoge pérdidas de aproximadamente un 13-17 % de masa muscular en las extremidades superiores y un 19-21 % en las inferiores durante una sola semana en pacientes críticos. En las fases más agudas, el descenso puede acercarse al 2 % diario.

El resultado es que una persona que antes caminaba con total normalidad puede necesitar ayuda simplemente para incorporarse, mantenerse sentada o ponerse de pie. Recuperar la consciencia no significa que el cuerpo esté preparado para volver inmediatamente a hacer lo mismo que antes.

Volver a caminar no es el único reto

La dificultad para volver a ponerse de pie y caminar, o la pérdida de fuerza en brazos y piernas, suelen ser las partes más visibles de la recuperación tras un coma. Pero la debilidad también afecta a músculos que pasan mucho más desapercibidos.

Después de una hospitalización prolongada pueden aparecer dificultades para respirar sin asistencia, toser con suficiente fuerza o tragar con seguridad. Esto último es especialmente importante, ya que una alteración de la deglución aumenta el riesgo de que alimentos o líquidos pasen a las vías respiratorias.

Por eso, la recuperación va mucho más allá de volver a caminar. Dependiendo de cada caso, pueden intervenir profesionales de rehabilitación, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, neurología o nutrición.

El objetivo es recuperar poco a poco funciones cada vez más cotidianas: mantener el tronco erguido, ponerse de pie, dar algunos pasos, comer sin ayuda, vestirse o volver a desenvolverse con cierta autonomía.

El cerebro también tiene que recuperarse

Además de las secuelas físicas evidentes, problemas de atención, memoria, lenguaje, orientación o control de la conducta son otras de las complicaciones que pueden surgir tras un coma. Algunas personas despiertan desorientadas y no saben dónde están ni cuánto tiempo ha pasado. Otras reconocen a su familia, pero tienen dificultades para recordar acontecimientos recientes, organizar una tarea o mantener una conversación.

La recuperación depende mucho de la causa y del alcance del daño cerebral. No es lo mismo un traumatismo craneoencefálico tras un accidente que una falta prolongada de oxígeno después de una parada cardiaca, una hemorragia cerebral o un ictus. También influyen la edad, las complicaciones aparecidas durante el ingreso y las primeras señales de recuperación.

Por eso, no existe un plazo universal a partir del cual pueda afirmarse que alguien ya no recuperará más funciones. Las guías de la Academia Estadounidense de Neurología señalan que algunas personas siguen mostrando avances incluso bastante tiempo después de empezar la recuperación. En general, las lesiones traumáticas presentan mejores perspectivas de recuperación que muchos daños cerebrales de origen no traumático, aunque la evolución puede ser muy diferente de una persona a otra.

¿Se vuelve a ser exactamente la misma persona?

La recuperación puede ser muy diferente de una persona a otra. Algunas llegan a recuperar una independencia total, mientras que otras mantienen limitaciones físicas o cognitivas y necesitan ayuda para actividades cotidianas.

Además, el alta hospitalaria no marca necesariamente el final del proceso. Tras una estancia prolongada en cuidados intensivos pueden persistir durante meses debilidad, fatiga, problemas cognitivos y alteraciones emocionales. Este conjunto de secuelas se conoce como síndrome post-UCI.

Una revisión reciente señala que más de un tercio de los supervivientes de enfermedades críticas presentan problemas físicos, cognitivos o psicológicos después del alta, y que en algunos casos las limitaciones físicas se mantienen incluso años después.

Despertar no es un momento, sino un proceso

Quizá esa sea la mayor diferencia entre la imagen que suele ofrecer la ficción y lo que ocurre realmente en nuestro cuerpo. No se trata de un proceso instantáneo, y por supuesto, no es uniforme.

Dos personas que han pasado por un coma aparentemente similar pueden evolucionar de forma muy distinta. La causa del daño, la edad, las complicaciones durante el ingreso y las primeras señales de recuperación influyen en un proceso que no siempre avanza al mismo ritmo ni llega al mismo punto.

Abrir los ojos puede ser un momento enorme para una familia, pero desde el punto de vista médico suele marcar el comienzo de otra etapa: comprobar qué funciones se han conservado, cuáles empiezan a recuperarse y hasta dónde puede llegar esa evolución.
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