Universidad Mundae
Comienza Enfermería en enero 2027

2 de Octubre de 2026

De 7 a 18 horas semanales: así ha cambiado nuestro uso de los auriculares y nuestra audición, según un estudio de Apple

Tiempo de lectura6 minutos
De 7 a 18 horas semanales: así ha cambiado nuestro uso de los auriculares y nuestra audición, según un estudio de Apple

No es inusual hoy en día salir de casa con música, escuchar un podcast de camino al trabajo o a clase, ponerse los auriculares para concentrarse, entrenar con ellos y terminar el día viendo vídeos o hablando por teléfono. Para muchas personas, recibir sonido directamente en los oídos durante varias horas ya forma parte de la rutina. Sin embargo, ese tiempo de exposición puede ser tan importante como el volumen.

Un estudio longitudinal publicado este año encontró que, entre los participantes seguidos desde la adolescencia hasta la edad adulta joven, el tiempo medio de uso de dispositivos personales de escucha pasó de unas 7 a unas 18 horas semanales. Los episodios de tinnitus, o lo que es lo mismo, la percepción de pitidos o zumbidos en los oídos sin una fuente externa, también fueron más frecuentes con el paso del tiempo.

Se trata de un pequeño estudio de seguimiento que, aun así, refleja una tendencia fácil de reconocer: los auriculares ocupan cada vez más horas del día. Y para la audición, esas horas cuentan.

El problema no son los auriculares, sino la dosis de sonido

Hablar del riesgo de los auriculares únicamente en términos de usarlos o no con “volumen alto” significa simplificar demasiado un problema que es mucho más complejo.

La Organización Mundial de la Salud señala tres elementos fundamentales: la intensidad del sonido, cuánto dura la exposición y con qué frecuencia se repite. Cuanto más alto es el nivel sonoro, menos tiempo podemos exponernos a él antes de superar los niveles considerados de escucha segura.

A unos 80 decibelios, la OMS utiliza como referencia hasta 40 horas semanales. A 90 decibelios, ese margen desciende a alrededor de cuatro horas. Y sigue reduciéndose rápidamente conforme aumenta la intensidad: a 95 decibelios, la referencia es de aproximadamente una hora y cuarto por semana.

Esto explica por qué pensar únicamente en si “la música está demasiado fuerte” resulta insuficiente. Una escucha moderadamente alta durante muchas horas también aumenta la exposición acumulada.

La OMS y la Unión Internacional de Telecomunicaciones utilizan el concepto de dosis de sonido para explicar que la exposición no depende únicamente del volumen. También cuenta cuánto tiempo escuchamos y con qué frecuencia lo hacemos. Por eso, varias horas de música, vídeos, llamadas o ruido ambiental terminan formando parte de una misma exposición acumulada.

Siete años midiendo cómo escuchamos

La dimensión que ha adquirido el uso de los auriculares en los últimos años se observa también en el Apple Hearing Study, una investigación iniciada en 2019 por la Universidad de Michigan y Apple, con colaboración de la OMS.

Su informe final, publicado el 30 de septiembre de 2026, resume siete años de seguimiento y datos de más de 268.000 adultos estadounidenses. Los participantes aportaron información sobre niveles de sonido ambiental, audio reproducido mediante auriculares, pruebas auditivas y hábitos relacionados con la escucha. Los investigadores lo describen como el mayor estudio realizado hasta ahora sobre exposición personal al ruido ambiental y al sonido de auriculares.

La investigación no representa exclusivamente a personas jóvenes ni atribuye de forma directa determinados problemas auditivos al uso de auriculares. Su valor está, sobre todo, en la escala: por primera vez se dispone de una enorme cantidad de datos sobre cuánto sonido acompaña realmente a las personas durante su vida cotidiana.

Y esa exposición ya no procede solo de ambientes que identificamos claramente como ruidosos.

Un concierto, una discoteca o una obra en la calle llaman nuestra atención porque el sonido resulta evidente. Los auriculares funcionan de otra manera: podemos llevarlos durante horas sin sentir que estamos dentro de un entorno excesivamente ruidoso.

El oído no siempre avisa con una pérdida evidente

Uno de los problemas de la pérdida auditiva provocada por ruido es que suele desarrollarse de forma gradual.

No necesariamente empieza con la sensación de “oír menos”. Las primeras dificultades pueden afectar a sonidos agudos o aparecer en situaciones concretas, como intentar seguir una conversación en un restaurante lleno de gente. El tinnitus, ese pitido o zumbido que algunas personas experimentan después de un concierto o una exposición intensa también constituye una señal de alerta cuando persiste o se repite.

Los resultados de este estudio resultan especialmente interesantes precisamente por este motivo. Aunque no se ha encontrado un empeoramiento generalizado de la audición convencional entre los dos momentos analizados, sí se ha observado más tinnitus después de exposiciones recreativas y algunos cambios auditivos sutiles. Los investigadores, sin embargo, plantean que podrían estar produciéndose alteraciones que no siempre aparecen en las pruebas estándar y subrayan la necesidad de seguir estudiándolo con muestras mayores. Por eso, no notar una pérdida evidente de audición no significa necesariamente que la exposición al sonido no esté teniendo efectos.

¿Son peores los auriculares pequeños?

El riesgo no depende necesariamente de si utilizamos unos auriculares de botón, unos de diadema o cualquier otro formato, sino principalmente del nivel de sonido que llega al oído y del tiempo durante el que lo mantenemos.

De hecho, un buen aislamiento o la cancelación activa de ruido pueden jugar a favor en determinados entornos. En el metro, un avión o una calle muy transitada tendemos a aumentar el volumen para escuchar por encima del ruido exterior. Reducir ese ruido permite mantener la música o el podcast a niveles más bajos, razón por la que la propia OMS recomienda auriculares bien ajustados y con cancelación de ruido cuando se escucha en lugares ruidosos.

No se trata, por tanto, de que un tipo concreto de dispositivo proteja automáticamente el oído, sino de evitar tener que competir constantemente con el sonido del entorno.

Por qué el móvil empieza a avisarnos

Cada vez más dispositivos muestran niveles de audio, envían alertas cuando se supera determinada exposición o permiten limitar automáticamente el volumen.

Estas funciones responden precisamente al cambio de enfoque desde el volumen puntual hacia la exposición acumulada.

El estándar de escucha segura desarrollado por la OMS y la Unión Internacional de Telecomunicaciones propone que los dispositivos calculen el porcentaje de “dosis” de sonido consumida por cada usuario y puedan advertir cuando la combinación de intensidad y tiempo empieza a superar las referencias recomendadas. También contempla sistemas capaces de reducir automáticamente el volumen tras exposiciones prolongadas.

La conocida recomendación de mantener el dispositivo alrededor del 60 % de su volumen máximo funciona como una regla sencilla, pero no sustituye a esa medida acumulada. Un porcentaje concreto no genera exactamente los mismos decibelios en todos los teléfonos, auriculares ni grabaciones.

Por eso resulta más útil entender la relación entre volumen y tiempo que memorizar una única cifra.

Escuchar más también obliga a pensar de otra manera

Los auriculares no son un fenómeno reciente, pero sí que lo es su presencia constante. Mientras que antes su uso se reducía a escuchar música, hoy también se usa para escuchar podcasts, vídeos, llamadas, reuniones, videojuegos, clases y contenido de redes sociales. El mismo dispositivo acompaña actividades que antes estaban repartidas entre diferentes momentos y aparatos.

Ese cambio hace que la pregunta importante ya no sea únicamente si alguna vez ponemos la música demasiado alta, sino cuántas horas de sonido, sea del tipo que sea, acumulamos sin ser conscientes de ello.

La mayoría de esas horas no provocará por sí sola una lesión auditiva. Tampoco llevar auriculares implica inevitablemente perder audición. El riesgo aparece cuando intensidad, duración y repetición se combinan de forma suficiente a lo largo del tiempo.

Y ahí está quizá lo más relevante de los datos recientes: mientras escuchar mediante auriculares se convierte en una actividad cada vez más extendida, nuestra percepción del riesgo sigue asociada sobre todo a momentos excepcionalmente ruidosos.

Nuestros dispositivos ya han empezado a contar decibelios y horas. Quizá nosotros también debamos empezar a prestar atención a las dos cosas.