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13 de Octubre de 2026

La anorexia más allá de la mente: la relación entre la grasa corporal y el origen de la enfermedad

Tiempo de lectura7 minutos
La anorexia más allá de la mente: la relación entre la grasa corporal y el origen de la enfermedad

Durante mucho tiempo, la anorexia nerviosa se ha explicado principalmente a través de lo que ocurre en el cerebro: el miedo a engordar, la alteración de la percepción del propio cuerpo, la relación con la comida o los mecanismos psicológicos que llevan a restringir la alimentación. Sin embargo, cada vez hay más pruebas de que parte de la explicación también podría encontrarse en el funcionamiento del resto del organismo.

Una nueva investigación ha encontrado relación entre la anorexia y un gen que participa en la forma en que nuestras células almacenan grasa, apuntando a un proceso biológico que, en principio, tiene poco que ver con la imagen corporal o con las emociones que habitualmente asociamos a este trastorno.

El estudio, publicado el 8 de octubre en Frontiers in Psychiatry, se suma a una línea de investigación que lleva años explorando la participación del metabolismo en la anorexia. Y aunque todavía quedan muchas preguntas por resolver, sus resultados ayudan a comprender por qué esta enfermedad es bastante más compleja de lo que tradicionalmente se ha considerado.

Una conexión inesperada con las reservas de grasa

El protagonista de la investigación es un gen llamado PLIN4, encargado de producir una proteína que interviene en el almacenamiento de grasas dentro de las células.

Para entender su importancia, hay que recordar que la grasa no es simplemente una reserva que acumulamos cuando ingerimos más energía de la que gastamos. Es también un componente esencial para el funcionamiento de numerosos procesos del organismo, desde la producción de determinadas hormonas hasta el mantenimiento de las membranas celulares.

Parte de esos lípidos se almacena en pequeñas estructuras celulares conocidas como gotas lipídicas, las cuales funcionan como depósitos que permiten conservar grasas y utilizarlas cuando el organismo las necesita. La proteína producida por PLIN4 se encuentra precisamente en su superficie y participa en su organización.

Lo llamativo es que este gen se expresa principalmente en el tejido adiposo y muscular, mientras que su presencia en el cerebro es mucho menor. De ahí el interés de los investigadores por averiguar si determinadas alteraciones en su funcionamiento guardan alguna relación con la anorexia nerviosa.

Para comprobarlo, analizaron el ADN de 154 personas diagnosticadas con la enfermedad, seleccionadas por presentar características como antecedentes familiares importantes, dificultades persistentes con los tratamientos o manifestaciones clínicas poco habituales.

Los resultados revelaron una diferencia considerable.

Alteraciones genéticas casi cuatro veces más frecuentes

Según los datos publicados, aproximadamente el 11 % de los pacientes estudiados presentaba variantes poco frecuentes de PLIN4 consideradas potencialmente perjudiciales. En la población de referencia utilizada para la comparación, esa proporción era del 3,2 %.

Las alteraciones aparecían, por tanto, con una frecuencia casi cuatro veces superior entre las personas con anorexia incluidas en la investigación.

Los científicos también encontraron seis pacientes con variantes que podrían afectar de forma importante al funcionamiento de la proteína. En cuatro de estos casos identificaron familiares que compartían la misma alteración y también habían desarrollado anorexia, un dato que despertó especial interés por su posible relación con la predisposición hereditaria.

Ahora bien, el hecho de que estas variantes aparezcan con mayor frecuencia no significa que sean responsables, por sí solas, de provocar la enfermedad.

La investigación se realizó con un grupo relativamente pequeño y seleccionado por determinadas características clínicas, de modo que todavía queda por comprobar si la misma asociación se observa en otros pacientes. Además, aunque las alteraciones detectadas se consideran potencialmente perjudiciales, todavía se desconoce cómo afectan realmente al funcionamiento de las células.

Aun así, los resultados ofrecen una pista concreta para estudiar procesos biológicos que hasta ahora habían recibido menos atención.

¿Qué relación tienen estas alteraciones con el desarrollo de anorexia?

Una de las dificultades al estudiar la anorexia es distinguir qué cambios del organismo ya existían antes de la enfermedad y cuáles aparecen como consecuencia de la desnutrición, ya que una restricción prolongada de alimentos modifica el metabolismo, la producción de hormonas y la manera en que el cuerpo utiliza sus reservas de energía.

En este caso, hay una diferencia importante: los investigadores han identificado variantes del ADN que, cuando son heredadas, están presentes desde la concepción. Por tanto, no aparecen como consecuencia de la pérdida de peso ni de las alteraciones metabólicas que provoca la enfermedad.

Esto permite investigar si determinadas características genéticas influyen en la predisposición a desarrollar anorexia. De hecho, que algunas de las variantes encontradas también aparezcan en familiares con el mismo trastorno refuerza el valor de estudiar esa posible relación.

Sin embargo, todavía no se ha demostrado que las alteraciones de PLIN4 modifiquen realmente la forma en que las células almacenan grasa ni que contribuyan al desarrollo de anorexia. Lo que han encontrado los científicos es una asociación genética que ahora deberán confirmar y estudiar con mayor profundidad para comprender si tiene consecuencias sobre el funcionamiento del organismo.

La relación entre anorexia y metabolismo no es nueva

Aunque el último descubrimiento ha llamado la atención por su relación con la grasa corporal, la idea de que la anorexia tiene una dimensión metabólica lleva años ganando peso entre los investigadores.

En 2019, un amplio estudio internacional publicado en Nature Genetics analizó información genética de 16.992 personas con anorexia nerviosa y 55.525 participantes de control.

Los resultados identificaron ocho regiones del genoma asociadas con una mayor susceptibilidad a desarrollar la enfermedad. Pero lo más interesante fue que algunas de esas asociaciones no se limitaban a características psiquiátricas: también aparecían vínculos genéticos con aspectos relacionados con la regulación de la glucosa, los lípidos y la composición corporal.

A partir de aquellos resultados, los autores propusieron considerar la anorexia como un trastorno con componentes tanto psiquiátricos como metabólicos.

Esto ayuda a ampliar la visión de una enfermedad que afecta a la alimentación y al peso, pero en cuyo desarrollo intervienen mecanismos que todavía no se conocen por completo.

El estudio publicado este octubre aporta una pieza adicional a ese conocimiento. En lugar de analizar únicamente grandes asociaciones genéticas, señala un gen específico relacionado con el almacenamiento celular de grasas, lo que permite plantear investigaciones más concretas sobre su posible funcionamiento.

Comprender mejor por qué aparece la anorexia

La anorexia nerviosa sigue siendo uno de los trastornos de la conducta alimentaria más graves y complejos que existen y su evolución es muy diferente de una persona a otra. Algunas atraviesan procesos prolongados, con recaídas y complicaciones médicas, mientras que otras consiguen recuperarse por completo. Entender por qué se producen estas diferencias es también uno de los retos de la investigación.

En ese camino, conocer mejor los factores genéticos que intervienen en la enfermedad ayudaría a comprender por qué algunas personas son más vulnerables a desarrollarla y, con el tiempo, encontrar nuevas formas de abordarla. Si se confirma la relación entre PLIN4 y la anorexia, los investigadores tendrán un nuevo mecanismo biológico que estudiar, aunque todavía es pronto para saber si tendrá aplicaciones terapéuticas.

Por ahora, el tratamiento sigue requiriendo atención médica, recuperación nutricional y apoyo psicológico. La investigación continúa avanzando sobre una enfermedad en la que todavía quedan muchas preguntas por responder, y comprender mejor lo que ocurre en el organismo es parte de ese trabajo.